Continuando con el estudio de los árboles como seres excepcionales, acorde con las leyendas y tradiciones del mundo feérico, hoy hablaremos de una parte más científica y utilitaria de los mism@s, la cual tiene una relación directa tanto a un problema medio ambiental actual, como con las redes sistémicas que establecen los seres vivos y el entorno donde residen… me refiero a la función de los árboles como auténticos aspiradores de CO₂, en especial en las grandes masas arbóreas…
Por término medio un árbol de cualquier especie llega a almacenar unas 20 toneladas de CO₂ en sus raíces, tronco y ramas. Cuando los mismos mueren liberan a la atmosfera esa misma cantidad, salvo que la liberación del CO₂ es en un plazo mucho más largo de tiempo, de forma mucho más lenta y es aprovechado por hongos y bacterias que descomponen la materia -de hecho en último extremo da igual que sean estos organismos quienes descomponen la madera, o si es la chimenea quién lo hace con la leña resultante del tronco muerto-

Siguiendo el proceso natural, el último estadio de la materia proveniente de un árbol muerto es reposar en forma de humus, con lo que gran parte del CO₂ queda atrapado en el mismo, convirtiéndose en un futuro lejano en turba y luego en cualquier variedad del carbón. Si los humanos no tuvieran explotaciones forestales, nuestros bosques captarían gran parte del CO₂, el cuál quedaría almacenado en la tierra.
Pero hoy en día la explotación forestal de los bosques –sin entrar en el modelo de explotación intensiva de economía de mercado, o en el modelo de explotación local, basada en preservar un equilibrio- nos da como resultado que, de una manera intensificada los rayos solares llegan al suelo y contribuyen a que el ciclo de descomposición este continuamente en marcha, de forma intensiva y como consecuencia acelerando el proceso y eliminando las reservas de humus del suelo de los bosques. De esta forma el CO₂ liberado del suelo de los bosques, asciende en mayor volumen y de forma acelerada a la atmósfera, contribuyendo a alimentar el cambio climático –aunque para ser sinceros, muy en menor medida de lo que nos intentan hacer creer- Hay que tener presente que a pesar de la intensificación de este proceso desde la Revolución Industrial, el mismo no es nuevo, ya que iberos, celtas, romanos y sobre todo la tala masiva de árboles de los siglos XV a XVIII, eliminaron ingentes cantidades de madera de nuestros bosques peninsulares.
De esta forma vemos que los bosques actúan como verdaderos almacenes de CO₂ planteando la pregunta… donde puede estar el límite de almacenamiento de dicho gas en los árboles? No obstante, la pregunta no tiene ningún sentido desde nuestro conocimiento, ya que es lo misma es planteada inconscientemente desde una perspectiva consumista y la cuantificación del volumen de CO₂ en forma de aceite, gas, gasolina, gasoil o carbón. Desde la visión más cercana a un árbol, la liberación del CO₂ provoca un crecimiento más rápido y desmesurado de la biomasa de los bosques con lo que al final y a pesar de un beneficio directo inicial, a la larga se traduce en un crecimiento insano del bosque, al romperse la lentitud ordinaria del crecimiento de un bosque y perjudicando especialmente a los ejemplares más viejos. Recordar… a menos CO₂ en la atmosfera, más tiempo de vida para los árboles.

No hay que olvidar que en el mundo arbóreo curiosamente son los árboles más viejos los que más rápido crecen –por ejemplo, un árbol de un diámetro de tronco de 1 metro, produce tres veces más que otro ejemplar con la mitad de su grosor. Por eso los árboles más viejos son claramente más productivos que los jóvenes, en relación a nuestra percepción de la productividad – Si queremos que de alguna manera se pueda contribuir a la reversión del cambio climático, debemos dejar que envejezcan los mismos y que el bosque se auto regule por sí mismo, limitando nuestra intervención a la explotación local en función de las necesidades primarias y evitando así agotarlo….
Como podéis ver, se siguen viendo patrones en el comportamiento de las masas arbóreas que son coincidentes con las enseñanzas de los cuentos y leyendas tradicionales relativas a los seres del mundo feérico. Creo que debo señalarlo, porque poco a poco nos va conduciendo a una realidad consistente en una parte de simbolismo y en otra parte de interacción con el mundo vegetal y con otras formas de comunicación y de entendimiento, vinculadas directamente con la naturaleza.
