En el anterior artículo nos introducíamos en las artes de lucha civil y su evolución a partir de los propios medios, ecosistema y necesidades de un determinado pueblo o cultura, llegando a la conclusión que había que diferenciar y agrupar diversas técnicas en tres apartados diferentes, aunque estrechamente relacionados entre si… Estos apartados son a grandes rasgos:
a) Las armas y herramientas civiles
b) los métodos -o técnicas de mano vacía-
c) las actividades lúdico & deportivas de combate
Cada apartado representa de por si un importante componente de las artes en la lucha civil, sin que una tenga sentido sin otra y viceversa, representando además por las influencias culturales y de su entorno civil, toda una nueva forma y metodología gracias a su práctica y rutina continuada. Tengamos presente que a diferencia de un combatiente militar -el cuál diseñaba y construía sus armas y técnicas de lucha acorde a las exigencias militares de los campos de batalla de su entorno y época- el combatiente civil no se encontraba cubierto con una armadura, ni empuñaba una pesada lanza o hacha de guerra; por lo que la destreza en el uso de sus armas dependía que pudiera encontrar un hueco no protegido en la armadura del contrario, con resultados letales para el mismo. Dado la ausencia de armadura para su protección, dependía en gran medida de los bloqueos en sus técnicas de lucha, en el desplazamiento de los pies y del trabajo y repetición de una serie de movimientos corporales evasivos que interiorizaba y automatizaba, a fin de conseguir ser herido en el transcurso de un enfrentamiento. De la misma forma, puesto que no se encontraba en un campo de batalla, sino realizando sus actividades cotidianas para ganarse la vida, sus armas deberían adaptarse a las normas de comportamiento consideradas aceptables en su sociedad. Si un mandoble de tipo bastarda o una lanza eran armas infalibles en su época, para un leñador o un agricultor, atravesar un pueblo con sus calles atestadas, daría pie a estar fuera de lugar a la hora de utilizarlas y a la vez, podría provocar reacciones hostiles hacia su persona. En cambio una espada de ceñir, una daga o un callado resultaban aceptables y fáciles de transportar. Además, cabe tener presente que las autoridades locales tendrían una serie de restricciones en el uso de armas -como ejemplo podemos citar las islas de Okinawa después de la conquista del clan Satsuma y su prohibición de todo tipo de espada-
En tales circunstancias, las técnicas de lucha civil se desarrollaron en función de los elementos expuestos y con unas características muy diferentes a las técnicas militares. Por ejemplo, la espada del «Tai Chi Chuan» presenta unas formas ágiles y delicadas en su técnicas y la práctica de sus «katas«, comparativamente a la lucha con espada de mano y media y escudo medieval. Ya nos sugiere que no se trata de una evolución en el armamento -de hecho es coetáneo, e incluso de la época del «Gladius» o espada corta romana- sino que su manejo surgió a partir de técnicas destinadas a aplicar contra oponentes sin armadura.
A pesar de que el luchador quisiera y prefiriese una espada de mano y media, no siempre contaba con el dinero para adquirir una herramienta de dichas características -por ejemplo el uso del hacha danesa y barbuda entre los vikingos, se debe precisamente en el elevado coste de la fabricación de espadas, no accesible a la mayor parte de combatientes de dicho pueblo- o por la existencia de leyes que prohibían su uso en según qué capas sociales. Ello provocaba que recurriese a los recursos que tenía a su abasto generalmente en forma de herramientas de uso cotidiano, o de formas arcaicas que fueran eficaces y fáciles de adquirir o fabricar.
Así vemos que de todas las armas empleadas en el ámbito civil, la más extendida e independientemente de su cultura, época o lugar, es el bastón o callado; principalmente porque es un arma económica, fácil de fabricar y multiusos, al margen de su uso defensivo o ofensivo. Desde lo más remoto de la prehistoria, ha demostrado su versatibilidad y fiabilidad. De hecho el palo, varo o callado rara vez falla; si es de una buena madera rara vez se rompen y pueden ser utilizados en cualquier condición meteorológica -frío, calor, agua, nieve, etc…-Además no solo tiene una variante ofensiva, sino que permite su utilización para entreno y no solo con técnicas con la misma vara, sino que nos permite experimentar el movimiento y las trayectorias del mismo como si se tratase de un instrumento de corte y pudiendo con ello substituir a la espada en técnicas precisamente de espada.

Personalmente y como una buena forma de comenzar a practicar, recomiendo el «Jo» del «Aikido«. es relativamente ligero, fácil de conseguir o comprar, económica y permite ensayar estocadas de lanza o bayoneta, golpe oblicuo de katana, sable, espada o cimitarra y golpes reversibles propios del «estoque» o «tanto» de Aikido. Además, al ser una vara corta puede manejarse por cualquiera de sus extremos, convirtiéndola en un arma muy versátil que puede ser utilizada de diversas formas. Puede convertirse en un substituto no plegable -y más pesado- de los bastones de trekking, en excursiones por el campo o como apoyo a la hora de cargar pesos. De hecho entre otras aplicaciones similares con su equivalente occidental -el clásico bastón de caminante corto- se le consideraba hasta bien entrado el siglo XX, como un signo de transición de la juventud a la adultez y de esta a la vejez, existiendo en muchos pueblos toda una técnica vinculada a esa simbología, con golpes, paradas y estoques, que se transmitían de padres a hijos.
Anecdóticamente citaré que en algunos pueblos de la comarca natural de «la Terreta» -situada en la cuenca del Noguera Ribagorçana, entre Catalunya y Aragón, en pleno Pre-Pirineo y con una gran tradición pastoril- sobresalían hasta la primera mitad del siglo XX por sus estilos de lucha con vara. Así mientras en las zonas del Sur -cercanias a la actual Pont de Montanyana- se prefería una vara corta, en los despoblados de Soperún, Montiverri y Abella d’ Adons se prefería una vara larga pesada con nudos, ancho en su parte superior y más delgado en su parte inferior. Estas varas eran las armas letales de los pastores trashumantes, los cuales en sus correrías portaban una vara de 1’80 a 1’90 de alto, acabada en una especie de gancho en en su punta que servía para coger por las patas a los terneros, pero también como arma ofensiva contra asaltos de bandidos y fieras.




